Africanus

Trilogía Africanus, de Santiago Posteguillo

Introducción

 

La trilog√≠a literaria Africanus, del autor Santiago Posteguillo, est√° compuesta por tres novelas: El hijo del c√≥nsul (2006), Las legiones malditas (2008) y La traici√≥n de Roma (2009). En ellas se nos narra la vida entera de Publio Cornelio Escipi√≥n el Africano, el gran general romano que venci√≥ al mayor enemigo de Roma: An√≠bal Barca. Por su descripci√≥n tanto de los distintos personajes como de los grandes conflictos pol√≠ticos y b√©licos de la √©poca (sobre todo, la Segunda Guerra P√ļnica), se trata de una de las series de novela hist√≥rica ambientadas en la Antigua Roma m√°s brillantes y atractivas.

Hay pocas √©pocas hist√≥ricas tan emocionantes y aprovechables desde un punto de vista literario y cinematogr√°fico como la Segunda Guerra P√ļnica. Ni la mayor de las superproducciones de Hollywood ni el mejor plantel de guionistas de la mejor serie de TV podr√≠an haber urdido semejante escenario no solo de batallas y gestas heroicas, sino tambi√©n de enrevesadas tramas pol√≠ticas, en las que el poder, la riqueza y el fasto de los clanes familiares (Barca, Escipiones y otros) dejar√≠a en pa√Īos menores al ¬ęculebr√≥n¬Ľ m√°s complejo. Es una √©poca de personajes heroicos que parecen m√°s grandes que la vida misma, seres que por sus actos no parecen humanos, sino semidioses: An√≠bal, Publio Cornelio Escipi√≥n, Marco Porcio Cat√≥n, Fabio Quinto M√°ximo…

Esta √©poca arroja momentos √©picos casi insuperables, como la marcha de An√≠bal a trav√©s de los Alpes, su invasi√≥n de Italia, las batallas que protagoniz√≥, casi todas estudiadas y admiradas durante siglos por eruditos de la historia militar, con preeminencia de Cannae, quiz√°s la ¬ębatalla perfecta¬Ľ de la Historia, as√≠ como la batalla de Zama, donde por vez primera la infanter√≠a resiste con √©xito una carga de elefantes. No es menos literaria (hasta el punto de que si no hubiera ocurrido, no lo creer√≠amos) la resistencia de Roma cuando todos daban por perdida su guerra contra An√≠bal.

Y como colofón, el devenir trágico de los dos grandes protagonistas, Aníbal Barca y Publio Cornelio Escipión, ambos traicionados por sus propias naciones, a las que dieron gloria y victorias y también su sangre y la de sus familias, y que fueron pagados con el desprecio y el destierro. Es como si la Historia misma hubiera creado un guión superlativo para una gran superproducción. Pero lo más fascinante es que todo ello ocurrió de verdad, que esas gestas las hicieron personas de carne y hueso, tan reales en su momento como nosotros en este.

En efecto, la Segunda Guerra P√ļnica y el devenir de sus dos grandes protagonistas, Publio Cornelio Escipi√≥n y An√≠bal Barca, exig√≠a una magna obra y se han hecho buenas novelas sobre el tema. Pero quiz√°s ninguna supere a la que hoy tratamos, la trilog√≠a Africanus, dedicada a la vida de Publio Cornelio Escipi√≥n y escrita por Santiago Posteguillo.

La obra est√° compuesta de tres vol√ļmenes: El hijo del c√≥nsul, Las legiones malditas y La traici√≥n de Roma, que fueron publicadas dese el a√Īo 2006 al 2009 por Ediciones B. Cada volumen puede parecer a primera vista atemorizador debido a su elevado n√ļmero de p√°ginas, pero la trilog√≠a cosech√≥ un gran √©xito , con numerosas ediciones y un p√ļblico que devoraba estos gruesos vol√ļmenes y que al terminar cada uno esperaba el siguiente con impaciencia. Cuando aparecen tantos y tantos libros sobre la Roma Antigua, y cuando la Segunda Guerra P√ļnica ha sido tratada en distintas ocasiones, podr√≠a parecer extra√Īo el impacto de Africanus sobre el p√ļblico. Pero su √©xito tiene sus razones, que en este art√≠culo se van a abordar.

 

Santiago Posteguillo

 

Estructura de la obra

 

Si bien todo la trilog√≠a parece escrita ¬ęde una sola vez¬Ľ y mantiene siempre el mismo estilo literario y capacidad de entretener al p√ļblico, por lo que se narra en cada volumen hay una clara estructura de la obra, que se corresponde con la propia vida del personaje hist√≥rico, Publio Cornelio Escipi√≥n. Podr√≠a decirse que los dos primeros vol√ļmenes abarcan la Segunda Guerra P√ļnica (el primero acaba con la conquista por parte de Publio de Qart Hadash, la Cartagena hisp√°nica, y el segundo termina con la batalla de Zama, gran victoria de Escipi√≥n y Roma y gran derrota de An√≠bal), y el tercer volumen abarca desde Zama hasta la muerte de Publio Cornelio Escipi√≥n.

Cabe hacer un resumen somero de lo que ocurre en cada libro. En El hijo del c√≥nsul (como su propio t√≠tulo hace ver) Publio Cornelio Escipi√≥n a√ļn no ha alcanzado la fama y la gloria, aunque ya despunta por su capacidad estrat√©gica y su valor. Es uno m√°s de los muchos generales de Roma y se le conoce sobre todo por ser hijo del c√≥nsul Publio Cornelio Escipi√≥n. El volumen comienza con la infancia y adolescencia de Publio, joven noble que ya es adiestrado para la vida guerrera: luchar en la batalla y liderar ej√©rcitos, pues la paz de Roma con Cartago tras la Primera Guerra P√ļnica parece d√©bil y, si no es este enemigo, otro ser√° contra el que Publio deba luchar en el futuro. Publio es adiestrado en las armas junto a su hermano Lucio Cornelio por su t√≠o, Cneo Cornelio Escipi√≥n. Pronto pasar√° a filas y las cosas se complicar√°n cuando gracias a Quinto Fabio M√°ximo, n√©mesis de los Escipiones y personaje que el autor pinta como p√©rfido malvado, Cartago entra en guerra de nuevo con Roma. Asistimos a la espectacular invasi√≥n de Italia de An√≠bal, a sus grandes victorias de Tesino, Trasimeno y finalmente Cannae, la humillaci√≥n de Roma, de la que Publio logra escapar. Tras estos hechos, Publio ha de ha de luchar en otro escenario: Hispania. All√≠ cosechar√° contra todo pron√≥stico uno de sus primeros √©xitos: la conquista de Qart Hadasht (la moderna Cartagena). Si bien el enemigo visible es el todopoderoso An√≠bal de Cartago, hay otros enemigos no menos peligrosos para Publio y su familia dentro de Roma: Quinto Fabio M√°ximo y un todav√≠a joven Marco Porcio Cat√≥n. Ya desde el primer volumen abundan las intrigas pol√≠ticas, algo presente en toda la saga.

En el segundo episodio, Las legiones malditas, An√≠bal aparece como una figura casi invencible, due√Īo y se√Īor de media Italia. Muertos su padre y su t√≠o y ya l√≠der de la familia Escipi√≥n, Publio propone una nueva forma de luchar: llevar la guerra a la propia Cartago para enfrentarse all√≠, y no en Italia, con An√≠bal. Esta misi√≥n parece a todas luces imposible, y solo por ello sus enemigos pol√≠ticos le permiten emprenderla, para que coseche un fracaso tal que acabe pol√≠ticamente con √©l y con su familia. Para hacerle la tarea a√ļn m√°s dif√≠cil, le conceden el mando de las dos √ļnicas legiones supervivientes de la masacre de Cannae, marcadas por la cobard√≠a y la deshonra, y desterradas a Sicilia: las Legiones Malditas. Publio deber√° tomar el mando de ellas, devolverles la disciplina perdida y atacar a los cartagineses en la propia √Āfrica. Contra todo pron√≥stico y a costa de muchos sufrimientos y peligros, Publio consigue su objetivo y vence a An√≠bal y sus elefantes en la gran batalla de Zama, aniquilando al ej√©rcito cartagin√©s y provocando el fin de la guerra.

El tercer volumen, La traici√≥n de Roma, comienza con el Triunfo de Publio Cornelio Escipi√≥n, general que termin√≥ con la guerra m√°s cruenta y temible que hab√≠a sostenido Roma. Es el vencedor del peor de los enemigos: An√≠bal, y vencedor tambi√©n sobre sus enemigos pol√≠ticos en el Senado, primero Fabio Quinto M√°ximo (ya muerto) y ahora el tenaz Marco Porcio Cat√≥n. Publio, casado y con tres hijos, imagina que a partir de ahora tendr√° paz y que su vida se reducir√° al √°mbito pol√≠tico. Pero ha de viajar junto a su hermano para luchar contra el poderoso Ant√≠oco III de Siria, un imperio mucho mayor que el romano. De nuevo parece una batalla perdida debido a los catafractos (la caballer√≠a pesada siria), hasta el momento invencibles. Pero en la batalla de Magnesia los Escipiones consiguen el triunfo y de nuevo demuestran que Roma es la potencia dominante no s√≥lo en occidente, sino tambi√©n en Asia Menor. No menos interesante resulta la cruenta campa√Īa de Cat√≥n en Hispania, para someter a sangre y fuego a sus tribus rebeldes. En Roma, las intrigas y pol√≠ticas se suceden una tras otra. Junto a la fama, Publio ha cosechado muchos enemigos, tan envidiosos como temerosos de su poder. Si bien en este periodo no hay enfrentamientos b√©licos, las luchas pol√≠ticas son tanto o m√°s entretenidas, y no menos implacables. Todo esto se cobra un fuerte desgaste en Publio, no s√≥lo pol√≠ticamente, sino en lo personal y familiar. Y por fin Cat√≥n logra mediante tecnicismos legales y una absoluta falta de escr√ļpulos poner a Publio en tal situaci√≥n, que debe decidir entre la guerra civil contra una Roma que quiere destruirle de cualquier modo, o el destierro. Para evitar un ba√Īo de sangre y la muerte de toda su familia Publio elige lo segundo y pasa el resto de sus d√≠as lejos de la urbe, amargado y rencoroso por lo que considera una traici√≥n de Roma. Y al mismo tiempo que todo esto se describe, contemplamos al otro gran desterrado y traicionado, An√≠bal Barca, vendido a Roma por los pol√≠ticos de Cartago, a pesar de sanear econ√≥micamente la ciudad, y luego obligado a vagar de reino en reino como general mercenario, siempre en lucha contra Roma. Al final √©l tambi√©n morir√°, aunque los romanos no tendr√°n el placer de llevarle encadenado por las calles de la urbe, pues prefiere el suicidio a ser capturado vivo.

Como se ve, solo con narrar de manera detallada y documentada los hechos principales podría escribirse una saga entretenida y emocionante. La vida de Publio Cornelio Escipión es un torbellino de tales hechos épicos y políticos, de tanta envergadura histórica, que muy malo debiera ser el escritor si no lograra al menos interesarnos por ellos. Pero en este caso, además, hay que reconocer que a Posteguillo le sobran méritos y virtudes como autor de novela histórica.

 

 

√Čpica. Lo militar.

 

Al estar la vida del protagonista ligada a la guerra y al ejército, lógico sería pensar que el autor se preocupe por reflejar de manera correcta estos ámbitos. Los hay que no lo hacen, pero no es el caso de Posteguillo.

La vida no solo del ej√©rcito romano, sino tambi√©n del p√ļnico o incluso de otros, como el sirio de Ant√≠oco III, queda descrita de manera minuciosa, desde el soldado, el centuri√≥n, el tribuno y hasta el c√≥nsul. Todo queda reflejado con exactitud: panoplia de armas, pertrechos, uniformes, adiestramiento, t√°ctica de las batallas (se agradecen los mapas de las principales luchas), estrategia a gran escala de cada guerra, intendencia, sistemas de mando y jerarqu√≠as, fortificaciones y otros muchos aspectos que nos acercan a la vida de los guerreros de esa √©poca. No s√≥lo tenemos la visi√≥n estrat√©gica de los grandes generales (a trav√©s de ellos se nos explica lo que es la guerra y el porqu√© de cada derrota o victoria, con claridad), sino tambi√©n la de los soldados y centuriones de la tropa.

Hay que destacar el enfoque realista de la psicolog√≠a del guerrero. A menudo suele presentarse una imagen estereotipada, negativa y poco honorable del soldado romano, en la que abundan los prejuicios personales e ideol√≥gicos sobre lo que Roma supuso para los pueblos conquistados. Fruto de todo ello, se muestra a los legionarios como monstruos sanguinarios que dejaban tras de s√≠ un rastro de mujeres y ni√Īos muertos, saqueadores, simples carniceros y matarifes para los pobres b√°rbaros conquistados. Incluso se ha soslayado su valent√≠a, como si fueran matones y abusadores de unos d√©biles enemigos (nada m√°s lejos de la realidad).

Posteguillo nos presenta una visi√≥n distinta, en la que al soldado romano le define en primer lugar su fidelidad a la patria y su disposici√≥n a morir por ella, o al menos a morir antes que sufrir la deshonra de la derrota. Esto, algo com√ļn a casi todos los soldados que han existido, se ha tergiversado en¬† obras que m√°s bien parecen panfletos antibelicistas. La trilog√≠a Africanus abunda en sacrificios hechos por soldados, centuriones y oficiales. Impera la idea de que la disciplina era sagrada. Y como sucede en el ej√©rcito romano, tambi√©n ocurre en el p√ļnico. Esto no quiere decir que no haya saqueos ni atrocidades sobre los civiles; el autor no los oculta pero tampoco los exhibe con sa√Īa. As√≠, la imagen del ej√©rcito romano es ambigua y realista, ya que no siempre son unos carniceros ni siempre luchadores inmaculados. Al final, y como suele ocurrir, lo que cuenta es la calidad estrat√©gica y moral de los mandos.

Las batallas son descritas (tanto en los prolegómenos como en el nudo y el desenlace) de manera sobresaliente. El autor emplea una técnica efectiva: llevar la acción de cada batalla a distintos escenarios simultáneos y hacérnosla ver no solo a través de un solo protagonista, o dos, sino a través de hasta cinco o seis: la caballería de cada ala, la vanguardia de la infantería, la retaguardia, la lucha de los soldados o la toma de decisiones de los generales. Con esto cada batalla gana en riqueza y matices y el lector puede comprenderla mejor. No se nos escatiman momentos de crudeza épica y de un heroísmo exacerbado, lógico entre gentes que van a vencer o a morir.

 

 

Intrigas políticas

 

A la par que los hechos militares sucede la ¬ęguerra sin sangre¬Ľ: la pol√≠tica. Este otro tipo de guerra resulta tan implacable y sucia como la otra, y a menudo sus protagonistas tambi√©n se juegan la vida porque el enemigo puede acudir al asesinato. La prueba de tal peligrosidad¬† es que los senadores romanos suelen llevar siempre una daga oculta y que los plenos est√°n custodiados por soldados, atentos a intervenir en cualquier altercado violento. Mucho tiempo despu√©s, incluso el hombre m√°s poderoso del mundo occidental, Julio C√©sar, fue asesinado a cuchilladas por los propios senadores. La sangre y la violencia en el Senado era una posibilidad muy real que se daba tambi√©n en los tiempos de Escipi√≥n.

La lucha pol√≠tica se produce entre dos bandos bien diferenciados. En un lado est√°n los Escipiones: primero Publio Cornelio Escipi√≥n (padre), luego sus hijos Publio y Lucio, y por √ļltimo el propio hijo del protagonista de la saga, Escipi√≥n. En el otro lado est√° el poderoso Quinto Fabio M√°ximo y su secuaz y despu√©s tambi√©n c√≥nsul, Marco Poncio Cat√≥n.

El autor nos presenta a los Escipiones como progresistas y dinámicos, abiertos a otras culturas, como la griega. Quieren una Roma ágil y osada en su papel internacional. Sus enemigos sin embargo pertenecen al orden senatorial más rancio, que odia toda influencia extranjera y solo desea una Roma anclada en el pasado. A veces estas dos visiones traslucen un poco de maniqueísmo ya que unos son demasiado buenos y los otros demasiado malos. Es uno de los pocos errores de la serie.

En este escenario, las luchas políticas son muy intensas y pueden ser incluso más épicas (a su manera) y atractivas que las batallas campales. Se trata de un desafío de inteligencia y estrategia, un ajedrez complejo con las instituciones romanas de fondo, a veces retorcidas e incluso violadas en la lucha por el poder.

 

Africanus

Guerreros celtíberos de Aníbal (Angus McBride)

 

Los personajes

 

La obra muestra grandes personajes principales: Aníbal, Publio Cornelio Escipión, Quinto Fabio Máximo y Catón, pero los secundarios son muchos y tampoco tienen desperdicio.

Magnífica es la caracterización del escritor Plauto, uno de los mejores personajes de la saga, autor de comedias, y sin embargo con una vida trágica y amarga. Plauto representa el contrapeso de la plebe, del individuo anónimo que desconfía de las instituciones, de la aristocracia y de la política en general. Este personaje abomina del sinsentido de la guerra y de un patriotismo lerdo y necio que lleva a miles de jóvenes a morir en tierras lejanas, frente al poder de los nobles, los senadores y los guerreros. Parece casi un personaje de otra época, quizás de nuestra época, antes que alguien nacido y criado en un mundo violento y sin piedad.

Posteguillo por tanto permite una interesante ambig√ľedad acerca de la guerra: la visi√≥n √©pica y heroica de los soldados y generales, que se dejan la piel y la vida en el campo de batalla por su pa√≠s…, y el discurso c√≠nico y amargo, el del ciudadano arrastrado por todos estos acontecimientos, por fuerzas implacables que le superan y destruyen su paz y seguridad cotidianas. El autor demuestra su habilidad al permitir la convivencia de ambas visiones, que enriquecen el conjunto de valores reflejado en la obra.

Tambi√©n hay otros personajes humildes, ajenos al poder y a las luchas del poder, como la esclava Netikerty, una bella egipcia, juguete en manos de los hombres ricos, que sin embargo encontrar√° el valor y el orgullo necesarios para sobrevivir en un mundo que no tiene piedad con los d√©biles. El devenir de este personaje, pese a su baja condici√≥n social, est√° muy ligado a Cayo Lelio (compa√Īero de luchas de Publio) e incluso al propio Publio, llegando a depender su vida en cierto momento de la esclava egipcia.

A pesar de tratarse de una saga épica en la cual el peso político y bélico queda en manos de los varones, las mujeres tienen un papel importante en ella. Pretender que las mujeres no han tenido ninguna importancia en la Historia, incluso cuando no tenían un poder legal real, como pretenden contarnos algunos discursos actuales, es conocer poco la Historia y en general al ser humano. Como bien se ve en esta trilogía, las mujeres tienen un gran peso en los corazones y las mentes de los hombres, y en ocasiones pueden luchar por el poder e intrigar, dominar a los varones poderosos con sus propias artes y armas, y provocar decisiones que afectan a miles y miles de personas y a países enteros.

El autor no es pol√≠ticamente correcto. No pretende enmascarar la realidad y por tanto nos presenta una sociedad en la que los hombres tienen el poder econ√≥mico, social y pol√≠tico, y en la cual las mujeres est√°n subordinadas a ellos. Pero a√ļn as√≠ ellas ejercen influencia gracias a su belleza y su inteligencia. A la citada esclava Netikerty habr√≠a que a√Īadir a Emilia, esposa de Publio y digna matrona de Roma, orgullosa de su familia y dispuesta a defenderla y darle siempre buen nombre. Tambi√©n destaca Sofonisb√°, hija del general p√ļnico Gisc√≥n y mujer fatal que gracias a su belleza fascinadora, su astucia y su capacidad manipuladora enamora y maneja a los hombres a su antojo. Lasciva y osada, Sofonisb√° es todo lo contrario a la digna matrona Emilia. Los reyes que prueban a la cartaginesa dirigen la pol√≠tica de sus pa√≠ses en funci√≥n de lo que ella desea. En cierto momento se llega a decir que junto a An√≠bal, Sofonisb√° es el peor enemigo de Publio Cornelio Escipi√≥n y de Roma. Hay que citar igualmente a Cornelia, hija peque√Īa de Publio, mujer rebelde que no acepta los matrimonios de conveniencia que le propone su autoritario padre. Sin embargo, y tal vez por su car√°cter indomable, Cornelia es su hija m√°s querida y a la que m√°s recuerda en los momentos de infortunio.

Es necesario destacar el papel de los dos ¬ęmalos¬Ľ de la saga: Quinto Fabio M√°ximo y Marco Porcio Cat√≥n, disc√≠pulo de aquel, ambos integrantes del mismo bando pol√≠tico. Son enemigos letales de los Escipiones y de manera indirecta causan la muerte de algunos de ellos y la ca√≠da final en desgracia del propio Publio.

Sorprende la imagen que da el autor de Quinto Fabio M√°ximo, porque muchos historiadores alaban su templanza e inteligencia, al ser el √ļnico que supo pelear contra An√≠bal de manera sensata mientras el cartagin√©s estuvo en suelo italiano, es decir, mediante el desgaste y evitando los encontronazos fatales, como Trebia, Tesino o Cannae. Sin embargo, en esta serie aparece como un malvado sin ning√ļn tipo de escr√ļpulos, traidor y manipulador, un ambicioso sin medida que solo busca el poder personal y que para ello no duda en arrastrar a Roma a una segunda guerra contra Cartago. El autor carga las tintas tambi√©n en lo √≠ntimo al pintarle como un s√°dico que disfruta azotando a j√≥venes esclavas desnudas, lo cual parece casi exagerado y no tiene fundamento hist√≥rico.

Y es que, como ya se dijo , uno de los pocos errores de la serie es que los buenos son demasiado buenos y los malos demasiado malos. No obstante, Quinto Fabio M√°ximo act√ļa en el fondo movido por principios, pues desea una Roma poderosa e invencible y para conseguirlo cualquier medio es bueno. Menos mal que hay alguna que otra pincelada humana en √©l, como el dolor sincero por la muerte de su hijo.

El otro malvado, Marco Porcio Cat√≥n, es igual de tenaz, astuto e implacable, igual de indiferente al dolor ajeno e igual de racista con todo lo que no sea romano. Pero no tiene apetitos lascivos y no le gustan la buena comida o el buen vino. Es tan severo consigo mismo como con los dem√°s. Aunque no resulta un estratega tan brillante como su mentor, le sobra tenacidad: aunque derribado y vencido muchas veces, vuelve a levantarse siempre para planear un nuevo golpe, y finalmente acaba venciendo y provocando el destierro de su enemigo Publio Cornelio Escipi√≥n, el hombre que salv√≥ a Roma de An√≠bal. Este coraje sin l√≠mites ante cada derrota casi parece redimir a un personaje tan vil. Cat√≥n es un fan√°tico y esto s√≠ concuerda de lleno con los hechos hist√≥ricos, al menos mientras duran los sucesos de la serie, pues al final su vida dio un giro brusco y protagoniz√≥ esc√°ndalos amorosos con una esclava, con la que incluso se cas√≥. Si bien el enemigo de la Rep√ļblica parece ser An√≠bal, los aut√©nticos gusanos que la horadan y pueden provocar su corrupci√≥n y derrumbe est√°n dentro y son estos dos magn√≠ficos malvados.

 

Africanus

 

En cuanto al protagonista, Publio Cornelio Escipi√≥n, la visi√≥n que se da de √©l es brillante. La historia nos lo presenta como alguien que antepuso siempre los intereses de Roma a los suyos propios y que pag√≥ un alto precio por ello. Tal vez esto no sea tan perfecto porque ya sabemos que a la Historia la recogen y muestran los vencedores (o los escribas al mando de los vencedores). Pero en alto grado la trilog√≠a parece corresponder con la realidad. El personaje va evolucionando a lo largo de la saga y si al principio es un joven guerrero idealista (que no est√ļpido), poco a poco, a medida que va conociendo los sinsabores de la pol√≠tica, se vuelve m√°s amargo y un tanto c√≠nico. Finalmente es desgarrado por una Roma que le paga con el destierro todos los servicios prestados. Adem√°s, la relaci√≥n con su familia se enfr√≠a y casi se rompe a medida que obtiene m√°s y m√°s fama y gloria… La moraleja de una f√°bula sobre el poder.

También vemos la evolución de Aníbal, parecida a la de Publio. Surge un paralelismo entre los dos personajes que el autor no intenta disimular. Aníbal y Publio son dos guerreros patriotas que luchan por sus países y que ganan muchas batallas campales. Pero lo que no logra la lucha limpia lo consigue la traición. Ambos son derrotados en realidad por la insidia de los políticos, por la envidia y el odio hacia todo lo grande y lo sublime en sus respectivos Senados. Ambos caen en desgracia y se ven obligados a irse de su tierra, orgullosos pero dolidos.

An√≠bal, el hombre m√°s temido de Occidente, en su madurez se convierte en general mercenario de reyes necios que desoyen sus consejos y por eso pierden una y otra vez ante Roma. Y al final An√≠bal se suicida para no sufrir un cautiverio y una ejecuci√≥n humillantes. Es magn√≠fica la escena en la que los soldados romanos tiemblan incluso ante su cad√°ver y no se atreven ni a tocarlo, pues hasta muerto les produce temor. Como bien dice Publio en sus √ļltimos momentos de vida, √©l se siente unido a An√≠bal y piensa que en otras circunstancias podr√≠an haber sido amigos.

 

Africanus

Batalla de Cannae (Peter Dennis)

 

El estilo. Rigor histórico.

 

Santiago Posteguillo es un narrador nato. Posee el don no solo de contar los hechos interesantes de manera interesante, sino tambi√©n de despertar el inter√©s cuando habla sobre los cotidianos y anodinos. Por ello resulta entretenido leerle tanto cuando habla de salvajes batallas o intensos debates en el Senado… como cuando trata el d√≠a a d√≠a romano o p√ļnico, las costumbres militares y civiles, lo cotidiano y por tanto ex√≥tico, en una √©poca hist√≥rica tan lejana para nosotros.

Su estilo es fluido pero no apresurado y se toma su tiempo en las descripciones, sin resultar cargante. Es una extra√Īa combinaci√≥n: el rigor hist√≥rico m√°s exhaustivo se une a la habilidad narrativa de atrapar al lector. Hay hay lugares de transici√≥n y despu√©s picos de emoci√≥n, ya sea en las batallas, en los enfrentamientos verbales, en la toma de grandes decisiones que afectan a pa√≠ses o ej√©rcitos, o en los momentos de tensi√≥n amorosa.

Hay mucha introspecci√≥n psicol√≥gica para mostrarnos el car√°cter y la forma de pensar de los personajes. Esto da buenos resultados cuando se trata de los ¬ęmalos¬Ľ, para as√≠ acercarnos a su forma de ser y de pensar, e incluso empatizar con ellos. Es un estilo que bebe mucho de los autores cl√°sicos y en el texto abundan citas e incluso p√°rrafos enteros de los aut√©nticos personajes hist√≥ricos, lo cual aumenta la verosimilitud.

Como defecto encontramos la repetición de afirmaciones y asuntos ya dichos con anterioridad, como si quisiera recalcárselos al lector, de modo innecesario. Esto sin embargo no es tan frecuente como para provocar el aburrimiento, pues si de algo puede presumir la obra es de su capacidad de entretener. Las setecientas u ochocientas páginas de cada volumen se leen no con esfuerzo, sino con facilidad.

El rigor hist√≥rico est√° asegurado. En esta asignatura no podemos hacer otra cosa que conceder un sobresaliente. Todo, desde la vestimenta de una esclava a la panoplia de un legionario, est√° descrito de modo perfecto. El autor usa con profusi√≥n vocablos latinos y ofrece su traducci√≥n en un¬† glosario dentro de los ap√©ndices. Tambi√©n es exhaustiva la representaci√≥n de la vida en aquella √©poca, en todos los √°mbitos sociales y en todos los pa√≠ses, con sus leyes, costumbres, usos sociales, tab√ļes y normas de comportamiento para los romanos, cartagineses, sirios, egipcios… y en todos los contextos. No se trata de hacer un escenario perfecto y luego incluir en √©l personas de nuestro mundo moderno, sino de crear personajes con la mentalidad propia de esa √©poca, con sus convicciones y principios, a veces cercanos y a veces muy lejanos a los nuestros, y hacerlos funcionar de manera coherente.

Los personajes pueden haber sufrido cierta manipulación, como es lógica en toda adaptación novelada sobre la Historia, pero el grado de realismo es alto. Solo choca ese maniqueísmo ya mencionado con anterioridad, que vuelve a los buenos muy buenos y a los malos muy malos. Quitando ese detalle, el rigor histórico brilla con luz propia.

En resumen, la trilog√≠a Africanus es una de las obras de novela hist√≥rica m√°s notables que se han escrito sobre la Antig√ľedad, y algunos pueden considerarla como la novela definitiva sobre Publio Cornelio Escipi√≥n y las personas y acontecimientos que le rodearon. Un buen bocado para los aficionados a la Historia y su hija literaria, la novela hist√≥rica.

Andrés Díaz Sánchez

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